LIBRO: LA OTRA HISTORIA

A CONTRALUZ: DEL PACÍFICO AL CARIBE 

Autor: Dr. Arturo León Lerma.

 

Capítulo V

EL CONFLICTO DE LA ANABE

Pag. 47

En el año de 1980 estalló en México la insurrección de un grupo de jugadores que fueron incitados y asesorados por la CONPEPROCA (Confederación de Peloteros Profesionales del Caribe), lo cual provocó un movimiento huelguístico que ocasionó graves daños al béisbol mexicano y puso en serios aprietos a los directivos del entonces.

Los separatistas, asesorados por Dionisio Acosta, líder de la CONPEPROCA, se integraron en un sindicato apoyando por el Congreso del Trabajo que se llamó ANABE (Asociación Nacional de Beisbolistas), cuyas demandas más importantes eran: nuevos contratos apegados estrictamente a la Ley Federal del Trabajo vigente, ser considerados como trabajadores dependientes de un patrón y no como profesionales del deporte, inscripción individualizada al IMSS, integración de un fondo de retiro con aportaciones de los propietarios de los equipos, el derecho a no ser cambiados a otros clubes sin su consentimiento, aumento sustancial de viáticos, mejoraría en el hospedaje, participación de los derechos de radio televisión y todo tipo de concesiones de comercialización, participación en las ventas de jugadores y estímulos económicos de acuerdo a su rendimiento en cada temporada.

El grave asunto se inició durante el desarrollo de un partido en el desaparecido parque del Seguro Social, en el que participaron los “Tigres”  de don Alejo Peralta, a la sazón alto comisionado de Liga Mexicana de Verano.La demanda, con amenaza de paro, fue rechazada en forma tajante, por considerarse que los jugadores eran “profesionistas” y no empleados; el partido se suspendió y el grupo se fue a la huelga.Esta fue encabezada por Ramón “Abulón”  Hernández, extraordinario jugador mexicano que estaba convencido de que presionando fuertemente lograría la fortaleza para incorporarse a la CONPEPROCA ; pero al no obtener la respuesta esperada cabildeó con algunos otros jugadores y tomaron la decisión de organizar su propia liga, a la que llamarían Liga Nacional.

Las condiciones no eran las mas apropiadas para atender todas sus pretensiones, ya que los clubes soportaban pérdidas cuantiosas y sólo el amor por el béisbol mantenía a los directivos con interés para continuar promoviendo el espectáculo profesional. No hubo poder humano que convenciera al “Abulón” Hernández y seguidores, que se refugiaron en el Congreso del Trabajo, donde el líder dispuso hasta la oficina para dirigir y conducir el movimiento.

El asunto se presentó a infinidad de discusiones, debates, análisis, jurídicos y manejo, masivo de los medios de comunicación. Ante la posición irreductible de la ANABE, las autoridades de Liga Mexicana tomaron medidas de suspensión a todos los seguidores del movimiento, y para fortalecer su posición solicitaron el apoyo de la LMP para que aplicara medidas similares.

A una reunión de la LMP en Mazatlán acudieron los dirigentes de Liga Mexicana Ing. Alejo Peralta, Lic. Antonio Ramírez Muro, Plinio Escalante, Ángel Vásquez y Roberto Manzur, quienes informaron de la evolución del conflicto realizaron la petición la petición formal de no contratar a ningún jugador anabista a partir de la temporada XXIII de 1980-81, que estaba por iniciarse.Intervino también la Presidencia de la República, que recomendó atender hasta donde fuera posible el pliego petitorio de la ANABE para evitar mayor daño al béisbol.

Se tomaron entonces los siguientes acuerdos:

  1. La Asociación Nacional de Ligas apoyó la información de una organización de jugadores “no involucrados” en la huelga a la que se llamó ASOBEPRO (Asociación de Beisbolistas Profesionales), quedando al frente de ella el Lic. Jorge Pulido, quien tenía relaciones con el béisbol por ser el enlace en la secretaría de Gobernación para la obtención de permisos de trabajo en nuestro país para los jugadores importados.

  2. La LMP se abstendría de contratar para la campaña 1980-81 a los jugadores cuya participación en la huelga era más visible y que iniciaban la conformación de la nueva Liga Nacional.

Horacio López Díaz se vio afectado en su salud ese mismo año y, ante la inminencia de una intervención quirúrgica que le salvara la vida, expuso a la LMP que sería su última campaña como presidente.La serie del Caribe en San Juan, Puerto Rico, había arrojado pérdidas por mas de trescientos mil pesos que tuvieron que ser cubiertos con el pago de la franquicia de Tijuana; se habló de salirse de la Confederación, pero se decidió permanecer en ella solo hasta 1982, año en que le tocaría a nuestro país organizar la serie.Para 1981 se tuvieron que tomar medidas drásticas ante la presión de la CONPEPROCA;el nuevo comisionado del Caribe,Lic. Santiago Soler Favale, no se dejó impresionar y dictó la suspensión del clásico caribeño en 1981 programado para Venezuela.

A mediados de febrero de 1981 recibimos en nuestro consultorio a la directiva de los “Mayos”, encabezada por Rubén “Sany” Félix, que nos solicitó anuencia para ser propuestos a ocupar el puesto del “Macacho”, asunto que se decidiría en fecha próxima y en el que participarían otros candidatos.Aceptamos con gusto, porque el solo hecho de tomarnos en cuenta era ya un distinguido honor.

El 25 de abril de 198, por voz del vicepresidente de la LMP, Ing. Luis Acosta Mazón, recibimos la invitación para suplir a quien con tanto profesionalismo, entrega y capacidad había dirigido a la Liga durante los últimos once años y había sentado bases del béisbol invernal acumulando 18 temporadas en su dirigencia, don Horacio López Díaz, “El Macacho”. Aceptamos el altísimo honor y el reto de enfrenta5 las nuevas circunstancias enmarcadas en el conflicto de la ANABE, la programación de una campaña incierta y la amenaza de la desintegración de la Confederación del Caribe. 

La ANABE mantuvo su actitud intransigente, dispuesta a hacer funcionar la nueva Liga Naciona.La Asociación Nacional de Ligas endureció su posición y dictó la orden de que todos los jugadores de la ANABE deberían ser suspendidos de por vida.

Para la LMP no era conveniente ejercer el veto y tomamos el acuerdo de no acatarlo; defendimos la postura de cumplir la sentencia en forma parcial, dejando sin contratar solamente a aquellos jugadores que teniendo ya un documento firmado con Liga Mexicana, lo incumplieran y desertaran a la Liga Nacional.Nos entrevistamos con el “Abulón” Hernández en México, tratando de mediar en el conflicto y buscar formas que evitaran el desastre que se avecinaba, o por lo menos recomponer la situación caótica que se vivía.El “Abulón” se mostró cordial y comprensivo, pero a la vez intransigente.

Algunos de los equipos de la LMP, particularmente Guasave,estaban conformados por un gran número de jugadores simpatizantes de la ANABE, y un castigo de esa naturaleza los dejaría desmantelados.Por otra parte, comprendimos que muchos jugadores desconocían el fondo del movimiento en que se habían involucrado, algunos por voluntad propia y otros por simple solidaridad.Propusimos entonces, en congruencia con la posición de la Asociación Nacional de Ligas, dictar una suspensión de un año; se comunicó a los jugadores que a partir de entonces ellos mismos decidirían si se reintegraban al béisbol organizado de nuestro país o emigraban para siempre siguiendo la aventura de la nueva Liga Nacional, que fue considerada como “liga pirata”, y en tal caso quedarían entonces sí, suspendidos de por vida.

Al Ing. Alejo Peralta no le satisfizo nuestra posición, y en una reunión celebrada en Guadalajara tuvo lugar un intenso debate en el que todas las ligas afiliadas a la Asociación Nacional se manifestaron en contra de la LMP. La discusión fue tan álgida que don Alejo explotó y abandonó el recinto. Media hora después regresó, cuando su compadre Vicente Pérez Avellá lo convenció de que lo mejor era continuar el análisis.Finalmente se aceptó la propuesta de LMP.

Internamente Se propuso coadyuvar con Guasave prestándole los equipos algunos jugadores para suplir a sus estrellas anabistas, se modificaron los “rósters” y se aprobó permitir la participación de 2 jugadores “pochos” además de los que ya eran considerados como “lavados” y cuya ascendencia debía demostrarse hasta el grado de sis abuelos;el incumplimiento de esta norma implicaría una multa de cien mil pesos por cada jugador en violación.

La campaña se realizó sin los anabistas de la Liga Nacional y algunos de los mas identificados con el movimiento de huelga; de cualquier forma, Guasave resultó el mas perjudicado.

A partir de 1982 inició el fracaso de la Liga Nacional, lo que demostró, por lo menos, que no es fácil organizar béisbol profesional, y el problema de la ANABE se fue diluyendo paulatinamente hasta desaparecer por completo.Eb los años siguientes la mayoría de los jugadores que estaban en la “lista negra” se reintegraron al béisbol organizado de ambas ligas, la Mexicana de Verano y la LMP, recibiendo el perdón definitivo.Y las “aguas tomaron su nuevo nivel”.

Sólo unos cuantos jugadores se perdieron para siempre a raíz del movimiento.Muchas de sus demandas se han ido cumpliendo a través del tiempo, porque eran ciertamente justas, pero inoportunas. La gran lección que dejó ese conflicto es que la buena fe, la comprensión, el diálogo y la concertación civilizada deben privilegiarse sobre los intereses particulares, con el propósito de mantener sólida la gran institución que es el béisbol.

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